Pensé mucho si contar esta anécdota que me ocurrió hace unos días en Turquia. Por un lado, pensé en mi mamá, en la preocupación (exagerada creo yo) que le agarraría. Pero creo que estas situaciones son mejor visibilizarlas.
Varias son las veces que me planteé hacer dedo en Turquia, más que nada antes de venir. Luego, vi que eran económicos los pasajes, las rutas no me daban mucha seguridad, los prejuicios hacia el país (impuestos), etcétera, etcétera, así que me olvidé. Cabe decir que sola, no es lo que más me gusta hacer pero, se que se podría ganar muchas historias y sobre todo inesperadas. Hasta el momento siempre para bien.
Fue así que un día quise visitar el castillo de Uchisar, cerca de Goreme. Era una caminata de unos 50 minutos que decidí hacer, al costado de la ruta aprovechando el frío y de ese modo entraría en calor. No sabía si había buses hasta ese pueblo, supuse que no.
De todos modos quería caminar.
Los autos pasaban muy cerca, pero yo me fui bien sobre la angosta banquina.

¿Hago dedo? Me pregunté.
Me tentaba la idea pero había una pequeña sensación rara, esa que muchas veces te imponen. Es decir, no se si era un sentimiento mío o miedos transmitidos del resto.
Seguí caminando, y allá donde terminaba la curva y empezaba a haber vereda, veo un camioncito con balizas. Este me quiere llevar, pensé.
En esa milésima de segundo, mientras avanzaba, me prometí, en caso de subirme, solo iría si me daba buena impresión. Ahí es donde siempre juega mi intuición.
Por esas cosas de la vida, veo que tenía una frase escita en el paragolpes, y mientras me acercaba le saqué una foto. Como si eso me diera alguna seguridad en caso que pasara algo. Dejar un registro. Algo que en Argentina, lamentablemente estamos acostumbras a hacer, más que nada las mujeres; sacar foto de la patente del uber o taxi y mandársela a alguna amiga o familiar.
Pero en este caso, también me daba mucha intriga saber qué significaba.
“Sana hep benden bahsedecekler”

Imaginarán que todo eso pasó en segundos. Cuando paso por al lado del camión, el hombre se ofrece amablemente a llevarme. Siento que habla algo de inglés, por lo que le digo que voy hacia ahí nomas, a Uchisar. Me hace señas como que me lleva.
Acepté, me dio confianza. Un hombre simpático de unos 45/50 años.
-¿De dónde sos? Argentina respondí, a lo que al segundo de responder exclamó, como lo hacen la mayoría:
– ¡Messi, Maradona!
-Sonreí.
Preguntó algo más del viaje y enseguida, vino una pregunta un poco más incómoda.
-¿Tu novio?
– Está en el hotel respondí inmediatamente. Mentir en esos casos, por más que no sea de mi agrado, se que puede evitar una incomodidad. Pero esa pregunta en sí, me generó dicha sensación.
Automáticamente, como un radar, se me activó una alerta. Y enseguida, logro darme cuenta, que desde que me subí, este hombre tenía la mano bajo su remera. Y sí, se estaba masturbando.
Se que en esta situación, todos reaccionamos de maneras distintas, quizá impredecibles.
No se cómo pero activé rápido, sin paralizarme y le dije si podía parar un segundo donde estaba el cartel de Uchisar que quería sacarle una foto. En esa milésima de segundo, se me cruzó por la cabeza que tuviese las puertas bloqueadas, que no frene en el pueblo y siga de largo, o vaya a saber qué.
Por suerte, enseguida aminoró la marcha. Bajé del camión. Me hice la que saqué la foto y empecé a retroceder por la ruta. Vi que me hacía señas como para que suba nuevamente. Quizá ingenuo el, pensó que no me habría dado cuenta lo que estaba haciendo.

Vi que enseguida arrancó y respiré profundo. En un acto casi innato, agarré una piedra y me la puse en el bolsillo.
Pensé en volverme al hostel, pero por qué voy a permitir que un pervertido arruine mi dia, me dije. Como vi que se había ido, aunque me daba un poco de inseguridad que ande dando vueltas, seguí unas cuadras más hacia el pueblo que quería visitar, ya estaba muy cerca. Me aferré fuerte a la piedra y agradecí haber reaccionado así, rápido.
También me prometí no hacer más dedo en Turquia. Aunque se que el lugar es algo anecdótico. Esta situación nunca la había vivido en cinco años y medio de viaje pero si en mi país, Argentina, en la calle y en medios de trasnporte. Quizá por eso, lamentablemente, tuve reacción.
Lo tomaré como un caso aislado, y no es mi idea asustar a nadie. Sólo decirte que si no te sentís seguro o segura de hacer dedo solo o sola, no lo hagas.
Pero si bien en esta ocasión me pareció justo contar los lados b de los viajes y no romantizar todo, pienso que más de uno me dirá. “No lo hagas más”, “Vos te lo buscás”, “por qué no te dejás de joder con esos países”, “ahí está lleno de abusadores”. Y creo que sería la misma analogía con: “y… viste la pollera que llevaba” “se le veía el culo con ese short” “viste cómo iba de provocativa”.
Perversos hay en todos lados y en todos los medios de transporte. Sólo atención.
«SIEMPRE TE HABLARAN DE MI», era la frase del camioncito. Hazte la fama y échate a dormir dice el refrán.