Pasamos a octavos. ¿Y ahora? Mundial parte III

Esta vez eran tres los días que teníamos para conseguir entradas. Se aproximaba el partido contra Australia y las ganas de estar presentes estaban intactas.
Obviamente la tarea de cada día era seguir intentando en la página de FIFA pero como siempre una misión bastante complicada.
En uno de esos capítulos de cosas que no te van a pasar en tu p… vida, caemos invitados por Lean de todo a pedal a la casa de un jeque fanático de Messi y de los argentinos en si.


Estábamos entre mesas cual «almorzando con Mirta Legrand», arroces y cordero al por mayor. Un árabe se encargaba de que nunca nos falte el te.

Las risas por no entender cómo habíamos caído ahí eran constantes, pero a la vez todos andábamos alerta a la página.

La noche transcurría entretenida y mientras algunos esperaban en la fila para entrar al museo de Messi que tiene el qatarí en su casa, escucho ¡están apareciendo entradas! Así que entré rápidamente a la página y me concentré en eso.


Mi celular marcaba 3% de batería cuando logré «enganchar» una de las más preciadas. Me temblaban las manos y no lo creía, pero si, había sido una de las afortunadas que consiguió entradas oficiales por la página.

Ahora sí, a seguir disfrutando de la fiesta entre bailes y comidas típicas árabes.

El 3/12 fue aquel partido contra Australia. Si bien era uno de los «fáciles», había nervios. Ya no había rivales fáciles. Este era el mundial de las sorpresas, no podíamos dormirnos.

Una vez el árbitro daba el pitido final, salté de la emoción. No sólo porque habíamos ganado, sino porque por fin tenía entrada para el siguiente partido, aquel partido 57 que había conseguido antes de viajar.
Era la primera vez que me podía  relajar unos días entre partido y partido. Qué linda esa nueva sensación que estaba experimentando. Y esta vez teníamos seis días hasta el próximo encuentro así que aproveché a turistear muy relajadamente.

El 9 de diciembre como conté anteriormente, era el cumpleaños de mi hermano. Nada podía salir mal. Sabía que ganaríamos.
Sin dudas el partido contra Países Bajos fue el que más sufrí, si, más que la final. Creí que no aguantaba los penales. Pero ahí estaba una vez más en el estadio Lusail, pensando como nunca en mi hermano.
Unos meses antes había decretado en mi cuaderno que conseguiría esa entrada y que lo llamaría desde atrás del arco luego de la victoria; asi que ni bien terminó el partido corrí atrás del arco para llamarlo y cumplir con mi palabra. No podíamos más de felicidad.
¿ Lo que es el poder de las palabras no? Una vez más la vida me lo reconfirmaba. Elegir creer siempre fue la opción y a partir de ahí había que creer mas que nunca.


Estábamos en semifinales!! Alguien que me lo confirme. Quería que alguien me pellizque.
¿Y ahora? Cómo hacer para conseguir semifinal me pregunté. Cada vez más gente del mundo quería ver a Argentina y por ende las entradas eran las más codiciadas. La reventa se ponía imposible; al menos para mí bolsillo.


Corrían los días y en la app aparecía poco y nada. Parecía un chiste, en milésimas de segundo desaparecían. Era un juego sin fin.
Nos turnábamos para dormir y que alguien se quede buscando, ya que al Sr. FIFA le encantaba largar las entradas de madrugada.

Llegó la noche previa al partido y yo seguía sin entrada.
Cansada, las esperanzas empezaban a caer. Tenía que estar ahí, como sea.


En una de esas un amigo me dice, ahora vengo, tengo que hacer una llamada. Cuando vuelve, con cara rara me comenta, tengo una noticia para vos. No sé si buena o mala. Quizá te interese.


La historia es así:
-Resulta que un conocido mío era el que tenía  mi entrada y la de el en su cuenta, me dice. Pero este chico decidió no viajar a Qatar y me dijo que quería vender la suya, sino la devolvería a la FIFA. (Cómo estaban enlazadas, el perdería su entrada también).


Lo pensé un rato . ¿Si la vida me estaba poniendo esa oportunidad en frente era por algo no?
Por suerte pudo negociarla por un precio razonable. No mucho más alto que el oficial, así que lo pensé unos minutos más  y dije ya está. No me iba a perdonar no ir a ese partido. Era una señal . Esa entrada era para mí! El universo me la estaba dejando en bandeja.
Así que esa noche pude dormir tranquila y soñar con mi tan preciado ticket.
Después de esa semifinal espectacular donde los jugadores nos regalaron un show ante Croacia, pasábamos a la final relajados
Si.
Estábamos en la final. ¿Y ahora? ¿Y ahora de qué nos disfrazamos ? ¿A qué diablo le tengo que vender mi alma?

Continuará…

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