Luego que pasara la vorágine mundialista y con “la tercera” en el bolsillo, debía tomar decisiones, la parte que más me incomoda. Pero había que hacerlo.
Habían pasado ya los festejos eternos, la ardua tarea de buscar entradas había llegado a su fin,¿ y ahora que se hace? Claro, esa había sido mi tarea durante ese último mes.
Qatar había quedado desolado y yo debía encarar mi destino próximo. La idea de ir a Australia se había desvanecido cuando todo el dinero que tenia y más, se había ido en disfrutar ese inolvidable mundial, así que la opción principal era volver a Europa a trabajar lo más rápido posible. El tema, los pasajes carísimos y si, con el agregado que estaba buscando para los días siguientes.
Así fue que jugando con el buscador a encontrar el destino más económico, una de las grandes posibilidades y la que mas intriga me daba, era ir a Egipto. Sabía que era un país muy barato y allá podría “aguantarla” hasta que me saliera algo en Canarias, porque el frio no estaba como opción para pasar los próximos meses.
Más allá de la conveniencia por el dinero, Egipto me venía llamando hacía un tiempo. Sinceramente no es un país con el que soñaba, pero si era uno de esos que algún día visitaría. Y particularmente el 2022 fue un año con incontables señales y más aún con este país. Así que no me costó decidirme por ir.
El silencio (interrumpido por las voces al unísono de taxi, taxi) del aeropuerto me recibió en la madrugada de aquel veintitanto de diciembre de 2022. Luego de un largo viaje de Doha a Dammam -Arabia- y con mil complicaciones para llegar, estaba en El Cairo.
Como casi siempre, mi decisión de ir a Egipto había sido tan precipitada como casi todas las que voy tomando en viaje. Desde afuera quizá suene un poco kamikaze pero suelo tomarlas con el corazón en la mano. A pesar de esto, tenía reservada las primeras noches en un hostel, pero esta vez quería darme el lujo de una habitación privada. Los precios del país me lo permitían.
Pero la simple acción de llegar a la madrugada y hacer tiempo en al aeropuerto como tantas otras veces lo había hecho, no pensé que sería tan complicado. Las pocas personas que estaban allá, me miraban con cara de querer sacarme dinero, no paraban de ofrecerme taxi a lo que amablemente les iba diciendo que no, pero ellos seguían insistiendo. Una característica muy típica de las personas de aquellas zonas.

Debía hacer tiempo hasta que amaneciera y ese lugar desolado no me daba mucha seguridad. Opté por irme a la otra terminal que quedaba a 5 minutos caminando pero para mi sorpresa, era solo de salida de vuelos, por lo que no podía acceder; pero luego de rogarles a los de seguridad, me dejaron pasar. Se ve que hablando el mismo idioma, el de la insistencia, podía entonces lograr cosas.
Los duros y fríos asientos de metal no ayudaban a pasar las horas así que intenté conectarme al wifi para ir viendo como sería la ruta en bus hacia el centro. Y ahí mi primera sorpresa, no había forma de conectarse. Intenté consultar pero casi nadie hablaba inglés, ellos solo sabían pronunciar la palabra taxi. Bus a las pirámides les decía.
Cara de desconcierto como si les estuviese hablando de un lugar en pleno conurbano bonaerense. Amigo, estamos en el Cairo, como me vas a hacer cara de sorpresa porque mi hospedaje está cerca de uno de sus mayores atractivos.
-Ahh es muy lejos eso, taxi taxi.
Trataba de respirar hondo para no perder la paciencia.
-NO, quiero ir en bus. Sabía que había transporte público. Lo que yo no sabía hasta ese momento pero ya lo iba intuyendo, es que esos tipos te iban a querer vender-estafar con todo.
Uber empezaron a barajar.
– Si, pero no tengo internet para chequearlo. Les pedí si podían compartirme datos, y se hacían los que no me entendían. IMPOTENCIA.
Miradas cómplices entre los de seguridad y otros armados con metralletas y uniformes camuflados que no servían de mucha ayuda, me empezaron a hacer sentir muy incómoda.
-¿De dónde sos?
– ¿de dónde venís? ¿Sola? Esas típicas preguntas que generalmente se las hacen a las mujeres sobre todo (y no solo me pasó en estos países en donde si entiendo que la mujer no suele andar sola) y que traté de gambetear como una campeona del mundo.
En esos momentos que venís con cansancio, con 24 hs detrás casi sin dormir, que ya te venías sintiendo estafada por los árabes y allí que no accedían a ayudarte, solo quería llorar; pero más que llorar, no paraba de imaginarme en momento de llegar a esa tan deseada cama en habitación privada. Necesitaba bajar todas las emociones vividas aquel último mes de mundial.
Y ACA HAGO ACLARACIÓN. ASÍ COMO HUBO ALGUNOS QUE QUISIERON ESTAFARME, AL MENOS EN ARABIA Y QATAR, PUDE VIVIR LA HOSPITALIDAD DE SU GENTE QUE ME PARECIÓ INCREÍBLE.
De tanto debatir entre ellos, me dijeron que tomándome aquel bus que justo pasaba, me dejaría en una terminal cercana y de allí podría tomarme otro hacia al centro. Bueno, vamos a intentarlo me dije. ¿Y adivinen qué? Cuando llego, pregunto cuál va hacia las pirámides y ohh cara de sorpresa. Les muestro la ubicación y otra vez cara de sorpresa como si le estuviese preguntando si ese bus iba a Buenos Aires. Se reían burlonamente una vez más.
Me di media vuelta con las lagrimas en los ojos saliendo a chorros, con la impotencia atravesada en la garganta y dándoles la espalda, regresé a la terminal donde los uniformados me miraban ya con cara de lástima.
– Por favor ¿podés prestarme datos? Son 5 minutos. Es para pedir un uber. ¿Tanto le costaba? Hacía horas estaba dando vueltas queriendo salir de ahí, ya estaba por robarle el protagónico a Tom Hanks en la película La Terminal. Con el último porcentaje de batería que me quedaba, logré pedir un auto y por fin irme al tan ansiado hospedaje.
Mientras cabeceaba contra el vidrio del uber y los mismos giros de mi cuello me despertaban, espiaba un poco el surrealista paisaje. Solo veía construcciones viejas, como detenidas en el tiempo y mucho color gris amarronado. Si hay un color que describa este lugar creo es ese, color El Cairo debería llamarse. Tierra por todos lados, mucha basura, realmente me iba impactando el paisaje. Este me está llevando a cualquier lado, me está paseando pensé, pero no, para mi sorpresa allá a lo lejos las puntas de las pirámides se debajan entrever.
Y de repente me dice hasta acá puedo entrar, pretendiendo dejarme en el medio de la nada entre camellos, caballos, gallinas y pilas de pasto que esperaban ser comidos por esos animalitos. No, no es acá le insisto.
Logré que avanzara hasta el supuesto hostal pero ninguna edificación se asemejaba a tal expectativa.
El chofer le pregunta a una señora supongo si sabía de ese hostal o persona que me había alquilado.
Allá aparece a lo lejos un chico que me muestra mi reserva en su celular y dije bueno, a ver con qué me encuentro. Yo solo soñaba para ese entonces con una cama y dormir horas seguidas sin pensar en nada pero, bueno, pedía demasiado.
Mientras me hacía el check in yo trataba de procesar todo, pero el sueño me ganaba. Iba diciendo por dentro, esto no era lo que reservé o quizá si pero no lograba registrar toda la información. Rápido me pidió el dinero en efectivo, el cual no tenía en total. Más tarde voy a un cajero y te doy el resto le dije. (Habrá cajeros acá ya me preguntaba). Cuando el chico se va y me siento en la cama a observar, empiezo a ver en la pocilga que estaba. Y miren que he dormido en lugares locos eh pero me sentí tan estafada.
Cuando reviso mi reserva no era ni cerca la habitación que había reservado. Todo a medio hacer, la cama soñada era un bloque de cemento. Y cuando entro al baño y levanto la tapa, ayy mamá, mejor no describirlo.
Tierra, telarañas. Eso no lo limpiaban desde la construcción de las pirámides más o menos. Solo quería llorar. Pero no podía quedarme ahí. Así que hablando con un conocido que estaba en El Cairo, me pasó el contacto de un hostel donde el se alojaba y me fui. Ahí agradecí tener solo una mochila. Busqué un taxi, negocié obviamente el precio y me fui al centro. Cuando vi esa cama, me tire de cabeza a recuperar energías.
Son esos momentos en que te preguntas todo, ¿por qué ando con una mochila a cuestas? ¿Por qué no reservé antes? ¿Por qué me gusta improvisar? Etcétera, etcétera. Son los que yo llamo los lado B que no son tan instagrameables pero suceden muy a menudo. Y creo que estas situaciones humanizan un poco los viajes. En las rutas pasan cosas y más cuando nos involucramos con personas locales, cuando viajamos en bus, cuando nos caminamos las ciudades y nos perdemos en ellas. Yo eso no lo cambio por nada, a pesar que en el momento decís, por qué tan difícil llegar a un lugar, por qué tan difícil comunicarse, por qué. Y me suelo responder porque amo esta vida porque amo las sorpresas que trae el fluir, el ser flexible aún con sus consecuencias. Y de repente me veo ahí, sola con mi casa caracol tratándome de hacerme entender entre árabes, egipcios, qataríes y me siento orgullosa de mi. Me doy una palmadita y me digo viste que podías, podes con esto y mucho más, el mundo es tuyo.