¿Por qué volví a Argentina?

Volver con la frente marchita dice el tango pero, mi frente la siento bien en alto.

Si bien no tengo un pasaje a ningún lugar aún, se que me voy a mover. Acá no es mi lugar. Al menos acá, en Buenos Aires. Hoy no es mi lugar pero quien sabe, nada es absoluto. Honro mis raices, las amo, de hecho me llevaron a donde he llegado:

A incomodarme, a buscar sin saber qué buscaba muchas veces y a volver para confirmar muchas cosas.

¿Si me dio miedo volver así sin pasaje de vuelta? claro. Nada me ataba sino más bien me invitaba a fluir en mi tierra, con mi gente; me invitaba a encontrar las respuestas que quedaron atrapadas en mi país.

No fue fácil tomar la decisión de volver pero, mi cuerpo me venía hablando hace tiempo y si bien lo escuchaba, no lo estaba oyendo, con atención.

Hace rato mi tobillo me viene dando señales, le estaba dando atención pero lo que los médicos me decían no terminaba de conformarme. Varias veces fui a la guardia por el agudo dolor que se había hecho compañero de cada día. Quedé en lista de espera para que me atienda un traumatólogo, pero eso podría demorar tres meses quizá. Yo en menos de un mes me iría de Mallorca. Mi temporada en la isla había acabado y el contrato de alquiler se me estaba por vencer.

Dos días antes de partir, la vida me dio la señal que necesitaba. Me llamaron del hospital diciendo que un turno se había liberado para dentro de dos hs. Lo acepté y corrí a visitar al médico. Visita de médico, nunca mejor dicho.

Jamás me había sentido tan «poco tratada» por un profesional de la salud. Creo que lo de profesional le queda grande. Utilizó palabras y frases como » no se puede hacer nada», «tenés eñ tobillo como una persona de 80 años» , «si me mandas sesiones con el fisioterapeuta?

-No, no te va a ayudar. Sumado a esto casi que no me miraba a los ojos, mucho menos el pie. Ni siquiera preguntó cuál era.

-El colágeno hidrolizado me ayudará? Y… mal no creo que te haga

» La artrosis es irreversible». Si bien es cierto, existen muchisimas herramientas para llevarla de algún modo o detenerla en algún punto.

Parecía que aquel día el médico se levantó con el pie izquierdo y no habría nada que lo hiciera lanzar de su boca una opción viable. Pero se olvidó que estaba tratando con una persona, no con un pedazo de carne insensible. Al parecer la materia empatía la recursó varias veces y así y todo no la había logrado entender.

Me fui vencida, con los hombros caídos entre enojada y deshauciada. ¿Cómo no iba a haber ningún plan b?

Las lágrimas empezaron a correr mientras veía el verde paisaje desde la ventana del bus. Me sentía triste. ¿Y si un poco de razón tiene?Pensé.

Hoy a meses de esa cita con el traumatólogo, entiendo que fue lo mejor que me pudo pasar. Activó algo en mi cuerpo, en mi sentir que sólo me hizo pensar en Argentina , en la madre tierra que siempre extenderá los brazos como cualquier madre con un hijo. Donde uno se siente acunado .

Sentí confianza y seguridad que en mi país iba a encontrar los profesionales que estaba necesitando. Y si no me sentía cómoda con alguno, me prometí buscar al que me haga sentir cómoda, atendida, escuchada.

Javi mi biodecodificador, siempre me ayuda a ver los por qué y para qué vuelvo y, no es casualidad que siempre lo haga cuando me «pasa algo». Inconscientemente busco refugio. Y las últimas tres veces consciente o inconscientemente, las razones tuvieron que ver con mi pie.

¿Qué paso no estas dando con ese pie derecho. Ese que marca el hacer, el del primer paso? Me suele preguntar.

Y siempre se por donde va, tengo pistas, pero no me hago cargo. O mejor ducho, no me hacía cargo, lo estoy trabajando, mientras mi pie va sanando al igual que yo por dentro.

Y vos, ¿te permitís tiempos con vos mismo?

¿Le das lugar a que aparezcan pensamientos, reflexiones ?

¿Interpretás las señales? Porque ellas están, aunque no nos percatemos.

Este ratito de reflexión es parte también de todo este plan. Me estoy permitiendo escribir mucho, más que de costumbre; mi libro (ese que nunca le agarraba el hilo porque no me quedaba quieta como para conectar), estoy retomando mis asesorías que por el mismo motivo no estaba ofreciendo. Me estoy permitiendo ser, en mi nueva versión y de una vez por todas dar lo que tengo para entregar al mundo.

Te pregunto, ¿estás siendo? ¿te estás permitiendo conectar con vos mismo o te camuflás entre el ruido, el afuera para esquivar tus sentires?

Escuchá a tu cuerpo. Te habla constantemente. Y no esperes a que sea tarde para preocuparte. Mejor ocuparse ¿no?

A vos que llegaste hasta acá GRACIAS. Y son bienvenidas sus respuestas, opiniones. Idas y vueltas, como la vida misma.

Deja un comentario