Desde Alcudia, Mallorca, es que me brotan estas palabras espontáneas.
Será por el tiempo que estuve «frenada» en Argentina o sentir que estaba detenida en el tiempo, pues claro sólo es una sensación ya que el reloj no se detiene; de repente quiero contar, quiero expresar, quiero volver a mi camino, a lo que me hace bien. Y una de esas cosas es estar en viaje, en movimiento, con cosas que contar.
Seis fueron los largos meses en Argentina, tratando de colaborar con la salud de mi pie. Aunque siento mucho no pude hacer, esos meses me enseñaron bastante. A los sacudones claro, como la vida misma. A decir verdad, el pie fue la excusa que tenía la vida para llevarme a ese lugar físico que, en definitiva me tenía preparado mucho aprendizaje.
Moverme de esa situación, de esa realidad era lo que quería. Ese período fue suficiente para ver cosas que aún tengo que trabajar, otras que trabajé y otras por las que agradecer.
Con mucha apoyo de mis seres queridos, pude retomar camino y esta vez a un destino desconocido que hace rato quería visitar: Ibiza. Pero no en el plan que se lo suele conocer, de fiesta. Fue en plan introspección total. Conseguí un voluntariado que me daban casa, bueno, un motorhome pero sin motor. En fin sólo una home con ruedas pero que estaban fijas y estancadas en la tierra ¿qué paradójico no?

Mi casita con ruedas pero sin motor
Cuestión que estuve un mes encontrándome nuevamente con mi versión viajera y recordándome como era esto del movimiento y del hacer amigos/contactos en viaje. La verdad que estuve mucho conmigo misma, en paz, con el sonido de los pajaritos de fondo. Lo necesitaba. Y mucho.
Pero las puertas se empezaron a cerrar a medida que se me terminaba el mes en ese hogar y entre la angustia y la incertidumbre de tener que buscar otra opción, de no contar con mucho tiempo para poder decidir, la señal apareció. Esa que siempre está.
Con las horas contadas porque tenía que dejar mi hospedaje en la isla y no conseguía otra opción viable, pude resolver mi paradero y al otro día estaba viajando a Mallorca, esta isla que tanto me dio. Una vez más acá, ¿Qué tendrá planeado para mí esta vez?
Si, nuevamente acá. Esta vez me toca estar en el mismo lugar físico. Otras veces en una misma situación o encrucijada. Sea como sea, es increíble cómo la vida te va llevando hacia donde tiene que ser o hacia donde te queda algo por aprender aún. Y no, no creo en el destino tal como nos lo vendieron. Al menos no hasta hoy. Somos cambio y evolución constante y esta idea la elijo, hasta que se me demuestre o sienta lo contrario.
Creo algo así como en que vinimos a aprender, sanar y vivir experiencias pendientes de nuestra alma. Y los lugares o destinos, si bien no creo estén marcados, nos llevarán de una manera lenta a ese aprendizaje o lección. Si le hacemos caso al sentir, quizá podamos tomar atajos pero nos perderemos las curvas o las calles sin salida. Dos formas distintas de llegar a destino pero al fin y al cabo, llegar. ¿Quién dijo que existe un solo camino?

Las señales de transito están en vos, en tu cuerpo, en el sentir. Suena utópico, hippie o hasta de moda pero, te juro que cuando aprendés a estar con vos mismo, con tiempo libre y conectando mucho o meditando, todo se hace un poco más llevadero. Habrá caminos de asfalto, otros veces por autopistas y también mucho camino de ripio. Habrá cuestas y habrá momentos donde deberemos empujar el auto o bajarnos de la bici y pechar con todas nuestras fuerzas. Pero de todos los caminos, nos llevaremos lo más valioso: El recorrido, la experiencia, los mates y las charlas de la ruta. Esa experiencia que no podemos comprar ni nadie podrá vivirla por nosotros.
Viajar me dio muchos momentos de soledad, de apreciación, de hurgar hacia adentro. Me invitó a estar frenada varias veces por piquetes, otras a comerme los baches, a derrapar, y unas cuantas a agarrarme con todas mis fuerzas del volante, el timón o el manubrio. Pero la ruta me advirtió que si me pasaba la salida, no pasaría nada, unos kms más y a retomar, pero esta vez con la certeza de dónde tendría que bajarme para no volver a perderme. Y así y todo, si volviera a fallar el gps, podría recalcular y volver al camino.